Desde niño comprendí que si por circunstancias del destino había nacido seguidor del Atlético de Madrid, fue sin duda para dar una alegría a mi padre pero no para presumir con asiduidad de los triunfos de mi equipo. También comprendí más tarde, que presumir no es sólo una cuestión de triunfos. Es también una cuestión de actitud, de honestidad, y de coherencia.
He visto muchos clásicos en mi vida, partidos contra el Real Madrid, en infantiles, en Juveniles, en el Calderón, cuando allí jugaba el Atlético Madrileño o incluso en el Bernabeu. He visto partidos de veteranos e incluso partidos entre amigos. En todos y cada uno de esos partidos he visto a los que llevaban la camiseta del Atlético de Madrid jugarse algo más que tres puntos o algo más que una victoria. En todos. En todos, menos en el que jugó ayer ese equipo que deambula por la primera división desde hace unos cuantos años y que algunos se resisten a dejar de llamar Atlético de Madrid. Un día antes del clásico incluso se jugó el partido de fútbol siete entre exjugadores, también perdimos, pero la tensión de aquel equipo fue con mucho más parecida a la de un partido oficial que lo ofrecido ayer en el Bernabeu.
Es cierto que el Atlético de Madrid tiene un equipo mediocre, y no pretendo ser despectivo, está en un escalón medio-bajo, y así lo dice su clasificación, tiene un par de jugadores muy interesantes pero tiene una plantilla corta y mal estructurada, tiene un secretario técnico sin conocimientos y puesto allí con la misión de desempeñar algún cometido que se me esconde. Tiene un entrenador normal, que no ha conseguido esconder en el juego colectivo las carencias de muchos y que tampoco ha sabido sacar provecho a las virtudes de unos pocos. En fin, tiene lo que tiene. No pretendo de Quique Flores haga un milagro, y entonces, si digo después de jugar contra el Barcelona que la motivación y el compromiso colectivo que se vio en aquel partido no son mérito del entrenador por cuanto que la repercusión del choque y el escenario ya suponen un aliciente para el jugador, también digo que si esos mismos jugadores salen en el Bernabeu a jugar un partido de trámite no puede ser demérito del Mister. Y esta vez me dan igual los argumentos, me da igual que Jurado sea una apuesta personal de Quique Flores o del representante que ambos comparten. Me da igual si Forlán por su actitud hace tiempo que tendría que estar viendo los partidos desde el banquillo, me da igual tras oir la ovación que el Bernabeu tributó a Perea que sigua Quique en su empeño de sacarlo. Me da igual si Quique es un entrenador sin visión y sin poder de reacción, me da igual que su gestión física de la plantilla sea cuando menos cuestionable o que no encuentre soluciones tácticas a ningún problema, Ayer todo eso daba igual, ayer, lo más importante no estuvo en el campo, ayer el atlético de Madrid salió sin espíritu competitivo, sin dignidad, sin la más mínima esperanza de ganar aquel encuentro.
El Atlético de Madrid tiene un equipo muy justo donde incluso los que nunca debieron vestir esa camiseta se ven obligados por las circunstancias a vestirla en partidos como el de ayer. Pero también lo es que el Deportivo, el Villareal, el Mallorca, el Atletic de Bilbao o el Getafe no tienen mejor plantilla que el Atlético de Madrid. Y es verdad, seguramente que estos modestos presupuestos de primera parecen dar suficiente como para tener dos laterales derechos y dos laterales izquierdos, incluso suficiente para tener un delantero reserva y suficiente como para tener un central que no rife dos de cada tres balones que toca. Pero no me parece que Manu del Moral, Pedro León y Soldado sean una delantera para envidiar y tampoco creo que Mario Suarez, Borja Valero y Aduriz sean jugadores que en nuestro equipo fuesen a arreglar nada en absoluto. En fin, incluso diría, que muchos de los reservas del Atlético de Madrid podrían ser titulares indiscutibles en el Mallorca o en el Getafe.
Lo que quiero decir es que en efecto el Atlético de Madrid no tiene hoy una plantilla a la altura de su presupuesto y a la altura de la institución, pero tampoco es la plantilla como para ir décimos en una liga donde el quinto clasificado hace siete jornadas que no gana y donde el Sporting de Gijón con doce chavales compite por ganarnos la posición en la tabla. Lo que quiero decir es que no es sólo una cuestión de calidad, que también lo es y mucho, no es una cuestión de entrenadores, que también importan, pienso que finalmente el problema y el origen de esta situación está en el modelo de club, en el modelo de equipo y en el ambiente que allí se respira. El problema es que tras recordar antes del partido al Señor Cerezo la diferencia de puntos con el vecino este ni corto ni perezoso se partió de risa. EL problema es que este y su tenebroso cómplice siguen perdiendo el respeto al Atlético de Madrid y a su afición cada vez que abren la boca o dejan de abrila. El problema es que hoy Forlán puede gritarle a la afición lo que al señor le parezca sin que nadie le exija disculpas públicas, el problema es que aquellos que han de exigir esas disculpas se ríen e insultan a la afición constantemente o de forma más puntual llamándolos hijos de puta tras una protesta por el traslado a la peineta. El problema se llama Miguel Angel Gil Marín y Enrique Cerezo. Ya no se trata de perder o de ganar. Es una cuestión de sensaciones y de dignidad, de exigencia y de orgullo. En esto del Fútbol, y sobre todo en el Atlético de Madrid, la forma de perder importa.
Aunque alguno no lo crea, y aunque sea bonito recordar los éxitos del pasado, al menos para tener presente de donde venimos y sobre todo si atendemos al lamentable presente, este club, que ha tenido grandes jugadores, también ha tenido siempre jugadores muy normales, de cantera o llegados de fuera, ha tenido algunos que llegaron sin saber centrar el balón, algunos que se tiraban dos horas después de un entrenamiento pasando desde la línea de fondo, no piensen ustedes que el Atlético de Madrid siempre tuvo dos hombres por puesto o incluso uno, ni siquiera aquellos años en los que se ganaba con relativa frecuencia. Lo que hacía de este club un club capaz de competir con los más grandes no fue sólo la capacidad de fichar con acierto. Era también y a veces sobre todo la capacidad de enseñar y de inculcar cosas que no se traen de fuera. En fin, en un club que funciona, que se exige, que se respeta a si mismo y que es respetado por su afición, las cosas ruedan de otra manera.
Un saludo
lunes, 29 de marzo de 2010
lunes, 1 de marzo de 2010
Perspectivas de una victoria
No soy de los que piensa que hablar bien del Atlético de Madrid, de mi equipo, sea algo reservado para aquellos que sean cuales sean las circunstancias esperan de su equipo siempre lo mejor. Y decir que me gusta ver las cosas con perspectiva no significa necesariamente que esos otros que esperan siempre lo mejor de nuestro equipo carezcan de ella, al contrario tienen otra, otra perspectiva y otra opinión.
El Atlético de Madrid jugó ayer un buen partido. Y fue bueno por que estuvo lleno de intensidad y emoción, y eso, como mínimo, es algo que siempre ha caracterizado a este Club, que una vez más, con suficiente motivación, demuestra que en esta liga inventada para el divertimento de dos es capaz de ganar a cualquiera. Y no quiero decir con esto que el Valencia o este Valencia esté a la altura de ningún equipo que se precie de grande.
Hace no más de una año, Abel Resino, al que de un tiempo a esta parte se ha criticado en exceso por razones que desconozco, cogió las riendas de este grupo y consiguió meterlo en Champions, encadenó una de las mejores rachas que se recuerdan e incluso fue tras terminar esos últimos quince partidos de la temporada pasada el tercer mejor entrenador en la historia del club por coeficiente de partidos jugados y partidos ganados. No se le dieron más méritos de los que merecía ya que todos entendimos que llegado el momento, algunos jugadores, los que tienen capacidad para hacerlo, incrementaron su índice de motivación según fueron viendo que el curso tocaba a su fin, indice que decidieron bajar una vez empezada la actual temporada y que han decidido incrementar nuevamente en los últimos dos partidos jugados en casa y en el último que hemos jugado en tierras otomanas. Los jugadores del Atlético de Madrid, deciden cuando empieza su liga y su momento decisivo, y como los malos estudiantes, ese momento suele ser cuando no queda más remedio.
Me gustaría recordar que también durante los diez últimos partidos de la temporada pasada, una vez Abel decidió adelantar la defensa del equipo, estuvimos varios partidos sin encajar un gol y varios partidos haciendo un fútbol más o menos decente. El equipo parecía apretar en lo físico, parecía ir a buscar los partidos, presionaba más arriba, mejoró el rendimiento de Simao, mejoró el de Asunsao que se sentía más acompañado, mejoró el de Maxi y sobre todo mejoró el de Forlán, que tenía en la mesa una promesa de renovación con subida incluida y que oía por doquier los cantos de sirena que llegaban desde el Madrid, el Barcelona o el Manchester City. También la defensa parecía mejor por momentos y finalmente se consiguió eso que algunos jugadores entienden como su objetivo y que bajo mi punto de vista fue sólo alcanzar el suficiente tras varios meses rozando el muy deficiente. La única diferencia entre esta y la pasada temporada puede ser esa final de Copa, puede ser no quedar ni siquiera en cuarto puesto y es seguramente ver como el equipo está ahora dirigido por un fantástico vendedor de motos cuando el año pasado parecía estar dirigido por un señor condenado a conducir eternamente un autobús de la linea Madrid – Alcobendas.
Este es mi parecer, no le atribuyo a Quique Sanchez Florez ningún mérito o demérito en la actual situación que vive el Atlético de Madrid, su influencia bajo mi punto de vista es absolutamente nula, su presencia es testimonial, como la de sus dos predecesores y la de los que están por llegar y su supuesta capacidad para recuperar jugadores me parece literatura de ficción. Una de las últimas cosas que hizo Abel antes de ser destituido fue decir que a algunos jugadores de este equipo les falta carácter, y una de las primeras cosas que hizo Quique al llegar fue decir que algunos jugadores de este equipo necesitan replantearse su profesión. Yo diría que ambos equivocaron su diagnóstico y pienso que difícilmente se puede exigir en un club sin exigencias, difícilmente se puede reclamar ambición para aquellos que viven en un club sin ambición, y difícilmente pueden tener ambición o sentir exigencia aquellos que viven en un lugar donde desde hace años se desterró del vocabulario la palabra responsabilidad.
No hace demasiados años se publicó un estudio, de esos que puso tan de moda la sociología del conocimiento, y que a veces también sirven para algo, que decía con números en la mano que un alto porcentaje de doctores, docentes e investigadores en las ramas de medicina, ciencia y humanidades contaron entre sus familiares más directos o en su ámbito familiar más cercano con un doctor o un investigador en la misma rama de estudio. El contexto de su progresión como estudiantes estaba entonces condicionado por ese ambiente que representaba para sus carreras académicas un incremento en el grado de responsabilidad pero también un ejemplo de lo accesible y lo cercano. Así, desafortunadamente, las barreras que tiene el hijo de una familia trabajadora suelen ser una cuestión monetaria pero también de expectativa, de responsabilidad, de tradición y de exigencia. El Atlético de Madrid, ha perdido ese ámbito de exigencia, ha perdido el ejemplo de lo accesible, ha perdido la tradición fundada en el éxito y la responsabilidad que le imponía todo ese contexto. Lo más triste, es que todo eso que se ha perdido, se tardó mucho en conseguir y no tras superar todas y cada una de las barreras.
El Atlético de Madrid jugó ayer un buen partido. Y fue bueno por que estuvo lleno de intensidad y emoción, y eso, como mínimo, es algo que siempre ha caracterizado a este Club, que una vez más, con suficiente motivación, demuestra que en esta liga inventada para el divertimento de dos es capaz de ganar a cualquiera. Y no quiero decir con esto que el Valencia o este Valencia esté a la altura de ningún equipo que se precie de grande.
Hace no más de una año, Abel Resino, al que de un tiempo a esta parte se ha criticado en exceso por razones que desconozco, cogió las riendas de este grupo y consiguió meterlo en Champions, encadenó una de las mejores rachas que se recuerdan e incluso fue tras terminar esos últimos quince partidos de la temporada pasada el tercer mejor entrenador en la historia del club por coeficiente de partidos jugados y partidos ganados. No se le dieron más méritos de los que merecía ya que todos entendimos que llegado el momento, algunos jugadores, los que tienen capacidad para hacerlo, incrementaron su índice de motivación según fueron viendo que el curso tocaba a su fin, indice que decidieron bajar una vez empezada la actual temporada y que han decidido incrementar nuevamente en los últimos dos partidos jugados en casa y en el último que hemos jugado en tierras otomanas. Los jugadores del Atlético de Madrid, deciden cuando empieza su liga y su momento decisivo, y como los malos estudiantes, ese momento suele ser cuando no queda más remedio.
Me gustaría recordar que también durante los diez últimos partidos de la temporada pasada, una vez Abel decidió adelantar la defensa del equipo, estuvimos varios partidos sin encajar un gol y varios partidos haciendo un fútbol más o menos decente. El equipo parecía apretar en lo físico, parecía ir a buscar los partidos, presionaba más arriba, mejoró el rendimiento de Simao, mejoró el de Asunsao que se sentía más acompañado, mejoró el de Maxi y sobre todo mejoró el de Forlán, que tenía en la mesa una promesa de renovación con subida incluida y que oía por doquier los cantos de sirena que llegaban desde el Madrid, el Barcelona o el Manchester City. También la defensa parecía mejor por momentos y finalmente se consiguió eso que algunos jugadores entienden como su objetivo y que bajo mi punto de vista fue sólo alcanzar el suficiente tras varios meses rozando el muy deficiente. La única diferencia entre esta y la pasada temporada puede ser esa final de Copa, puede ser no quedar ni siquiera en cuarto puesto y es seguramente ver como el equipo está ahora dirigido por un fantástico vendedor de motos cuando el año pasado parecía estar dirigido por un señor condenado a conducir eternamente un autobús de la linea Madrid – Alcobendas.
Este es mi parecer, no le atribuyo a Quique Sanchez Florez ningún mérito o demérito en la actual situación que vive el Atlético de Madrid, su influencia bajo mi punto de vista es absolutamente nula, su presencia es testimonial, como la de sus dos predecesores y la de los que están por llegar y su supuesta capacidad para recuperar jugadores me parece literatura de ficción. Una de las últimas cosas que hizo Abel antes de ser destituido fue decir que a algunos jugadores de este equipo les falta carácter, y una de las primeras cosas que hizo Quique al llegar fue decir que algunos jugadores de este equipo necesitan replantearse su profesión. Yo diría que ambos equivocaron su diagnóstico y pienso que difícilmente se puede exigir en un club sin exigencias, difícilmente se puede reclamar ambición para aquellos que viven en un club sin ambición, y difícilmente pueden tener ambición o sentir exigencia aquellos que viven en un lugar donde desde hace años se desterró del vocabulario la palabra responsabilidad.
No hace demasiados años se publicó un estudio, de esos que puso tan de moda la sociología del conocimiento, y que a veces también sirven para algo, que decía con números en la mano que un alto porcentaje de doctores, docentes e investigadores en las ramas de medicina, ciencia y humanidades contaron entre sus familiares más directos o en su ámbito familiar más cercano con un doctor o un investigador en la misma rama de estudio. El contexto de su progresión como estudiantes estaba entonces condicionado por ese ambiente que representaba para sus carreras académicas un incremento en el grado de responsabilidad pero también un ejemplo de lo accesible y lo cercano. Así, desafortunadamente, las barreras que tiene el hijo de una familia trabajadora suelen ser una cuestión monetaria pero también de expectativa, de responsabilidad, de tradición y de exigencia. El Atlético de Madrid, ha perdido ese ámbito de exigencia, ha perdido el ejemplo de lo accesible, ha perdido la tradición fundada en el éxito y la responsabilidad que le imponía todo ese contexto. Lo más triste, es que todo eso que se ha perdido, se tardó mucho en conseguir y no tras superar todas y cada una de las barreras.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)