Woody Allen no es mi director preferido pero me encantan algunas de sus películas. Me gustó mucho Deconstructing Harry o Desmontando a Harry que se llamó aquí, y me gustó por que finalmente lo que más me gusta de este director es su sentido del humor. Me encanta un pequeño cuento que aparece en la cinta y que trata sobre un hombre borroso. Un hombre dedicado al cine y que por motivos ocultos a todo el mundo comienza a verse desenfocado. Primero es el “camarógrafo” el que percibe el problema y descubre que el tipo no puede ser enfocado decentemente por el objetivo de su cámara, poco después, director y demás presentes en el rodaje empiezan a comprobar que el señor se ve borroso, que no se le puede enforcar, ni tras una cámara ni a simple vista, ni lejos ni cerca, sencillamente este hombre parece ser una figura nublada y desenfocada que nadie puede ver con nitidez. Ante lo extraño del asunto se le aconseja al señor descansar, ir a casa, estar con la familia, liberarse del estrés. Una vez en casa, mujer e hijos perciben el mismo problema y dice la hija del señor entre decepcionada y egoísta. Papa: Te veo Borroso.
Lejos de buscar los orígenes del problema en los hábitos o quehaceres del señor desenfocado, este, sin miedo a encontrar la negativa de todos aquellos que le rodean plantea poner a sus familiares unas grandes gafas de aumento con las que poder enfocar su figura. Y así, la familia de este señor acepta felizmente llevar de por vida unas gafas graduadas sólo para ver con nitidez la figura de su querido padre.
Hablo aquí de esta pequeña ficción por lo que me recuerda su desenlace al Atlético de Madrid, una Sociedad Anónima deportiva que me cuesta reconocer, que me genera problemas para ver con nitidez, por que no sé lo que es o lo que quiere ser. No sé exactamente quien hace que o quien deja de hacer. No se si detrás de la niebla está el club del que siempre he sido seguidor o si esto ya es otra cosa que prefiero seguir viendo desenfocada. Por que mirar hacía una figura desenfocada es a veces tan molesto que obliga a apartar la vista. En fin, no sé si lo que un día fue mi equipo se ha ido difuminando de tal forma que actualmente sólo acierto a ver una figura borrosa con rayas rojas y blancas y con la insignia de Madrid en el escudo.
Muchos no hemos aceptado la extravagante solución de las gafas, y eso que las gafas nos las han vendido por todos lados, por anuncios en la tele, por la prensa panfletaria, por emisoras y televisiones, a través de discursos y entrevistas que nos las han presentado como un artículo de diseño y distinción que jamás debemos abandonar. No nos hemos puesto las gafas de Mortadelo para ver algo que anteriormente veíamos con nitidez por que entendemos que el problema no está en nuestra capacidad para enfocar los objetos. El problema, el de los que ahora parecemos unos inconformistas o unos “pesados” es el de aquellos que vieron a este club ser otra cosa y ahora no reconocen con claridad lo que ven sobre el campo pero sobre todo y quizás algo tan importante como lo anterior, no reconocen todo aquello que no se ve en el terreno de juego pero que se siente.
Hace gracia ver como a poco que la camiseta del Atlético de Madrid se acerca a finales empiezan algunos a sentirse mal. Dejan ver a veces sin querer que los triunfos del gracioso perdedor molestan. Y créanme. Molestan y mucho. Y más que los triunfos de otros. Esto, para los que no llevamos las gafas puestas, no puede ser que suceda una vez cada quince años. Espero que ganar la Copa con merecimiento y haciendo una gran final sirva al menos para ver durante un rato a mi equipo con nitidez y para que todos aquellos que aceptaron llevar las gafas vean por momentos que estas no serían necesarias si las cosas fuesen como siempre habían sido.
martes, 13 de abril de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
Exigencia 2.0
Desde niño comprendí que si por circunstancias del destino había nacido seguidor del Atlético de Madrid, fue sin duda para dar una alegría a mi padre pero no para presumir con asiduidad de los triunfos de mi equipo. También comprendí más tarde, que presumir no es sólo una cuestión de triunfos. Es también una cuestión de actitud, de honestidad, y de coherencia.
He visto muchos clásicos en mi vida, partidos contra el Real Madrid, en infantiles, en Juveniles, en el Calderón, cuando allí jugaba el Atlético Madrileño o incluso en el Bernabeu. He visto partidos de veteranos e incluso partidos entre amigos. En todos y cada uno de esos partidos he visto a los que llevaban la camiseta del Atlético de Madrid jugarse algo más que tres puntos o algo más que una victoria. En todos. En todos, menos en el que jugó ayer ese equipo que deambula por la primera división desde hace unos cuantos años y que algunos se resisten a dejar de llamar Atlético de Madrid. Un día antes del clásico incluso se jugó el partido de fútbol siete entre exjugadores, también perdimos, pero la tensión de aquel equipo fue con mucho más parecida a la de un partido oficial que lo ofrecido ayer en el Bernabeu.
Es cierto que el Atlético de Madrid tiene un equipo mediocre, y no pretendo ser despectivo, está en un escalón medio-bajo, y así lo dice su clasificación, tiene un par de jugadores muy interesantes pero tiene una plantilla corta y mal estructurada, tiene un secretario técnico sin conocimientos y puesto allí con la misión de desempeñar algún cometido que se me esconde. Tiene un entrenador normal, que no ha conseguido esconder en el juego colectivo las carencias de muchos y que tampoco ha sabido sacar provecho a las virtudes de unos pocos. En fin, tiene lo que tiene. No pretendo de Quique Flores haga un milagro, y entonces, si digo después de jugar contra el Barcelona que la motivación y el compromiso colectivo que se vio en aquel partido no son mérito del entrenador por cuanto que la repercusión del choque y el escenario ya suponen un aliciente para el jugador, también digo que si esos mismos jugadores salen en el Bernabeu a jugar un partido de trámite no puede ser demérito del Mister. Y esta vez me dan igual los argumentos, me da igual que Jurado sea una apuesta personal de Quique Flores o del representante que ambos comparten. Me da igual si Forlán por su actitud hace tiempo que tendría que estar viendo los partidos desde el banquillo, me da igual tras oir la ovación que el Bernabeu tributó a Perea que sigua Quique en su empeño de sacarlo. Me da igual si Quique es un entrenador sin visión y sin poder de reacción, me da igual que su gestión física de la plantilla sea cuando menos cuestionable o que no encuentre soluciones tácticas a ningún problema, Ayer todo eso daba igual, ayer, lo más importante no estuvo en el campo, ayer el atlético de Madrid salió sin espíritu competitivo, sin dignidad, sin la más mínima esperanza de ganar aquel encuentro.
El Atlético de Madrid tiene un equipo muy justo donde incluso los que nunca debieron vestir esa camiseta se ven obligados por las circunstancias a vestirla en partidos como el de ayer. Pero también lo es que el Deportivo, el Villareal, el Mallorca, el Atletic de Bilbao o el Getafe no tienen mejor plantilla que el Atlético de Madrid. Y es verdad, seguramente que estos modestos presupuestos de primera parecen dar suficiente como para tener dos laterales derechos y dos laterales izquierdos, incluso suficiente para tener un delantero reserva y suficiente como para tener un central que no rife dos de cada tres balones que toca. Pero no me parece que Manu del Moral, Pedro León y Soldado sean una delantera para envidiar y tampoco creo que Mario Suarez, Borja Valero y Aduriz sean jugadores que en nuestro equipo fuesen a arreglar nada en absoluto. En fin, incluso diría, que muchos de los reservas del Atlético de Madrid podrían ser titulares indiscutibles en el Mallorca o en el Getafe.
Lo que quiero decir es que en efecto el Atlético de Madrid no tiene hoy una plantilla a la altura de su presupuesto y a la altura de la institución, pero tampoco es la plantilla como para ir décimos en una liga donde el quinto clasificado hace siete jornadas que no gana y donde el Sporting de Gijón con doce chavales compite por ganarnos la posición en la tabla. Lo que quiero decir es que no es sólo una cuestión de calidad, que también lo es y mucho, no es una cuestión de entrenadores, que también importan, pienso que finalmente el problema y el origen de esta situación está en el modelo de club, en el modelo de equipo y en el ambiente que allí se respira. El problema es que tras recordar antes del partido al Señor Cerezo la diferencia de puntos con el vecino este ni corto ni perezoso se partió de risa. EL problema es que este y su tenebroso cómplice siguen perdiendo el respeto al Atlético de Madrid y a su afición cada vez que abren la boca o dejan de abrila. El problema es que hoy Forlán puede gritarle a la afición lo que al señor le parezca sin que nadie le exija disculpas públicas, el problema es que aquellos que han de exigir esas disculpas se ríen e insultan a la afición constantemente o de forma más puntual llamándolos hijos de puta tras una protesta por el traslado a la peineta. El problema se llama Miguel Angel Gil Marín y Enrique Cerezo. Ya no se trata de perder o de ganar. Es una cuestión de sensaciones y de dignidad, de exigencia y de orgullo. En esto del Fútbol, y sobre todo en el Atlético de Madrid, la forma de perder importa.
Aunque alguno no lo crea, y aunque sea bonito recordar los éxitos del pasado, al menos para tener presente de donde venimos y sobre todo si atendemos al lamentable presente, este club, que ha tenido grandes jugadores, también ha tenido siempre jugadores muy normales, de cantera o llegados de fuera, ha tenido algunos que llegaron sin saber centrar el balón, algunos que se tiraban dos horas después de un entrenamiento pasando desde la línea de fondo, no piensen ustedes que el Atlético de Madrid siempre tuvo dos hombres por puesto o incluso uno, ni siquiera aquellos años en los que se ganaba con relativa frecuencia. Lo que hacía de este club un club capaz de competir con los más grandes no fue sólo la capacidad de fichar con acierto. Era también y a veces sobre todo la capacidad de enseñar y de inculcar cosas que no se traen de fuera. En fin, en un club que funciona, que se exige, que se respeta a si mismo y que es respetado por su afición, las cosas ruedan de otra manera.
Un saludo
He visto muchos clásicos en mi vida, partidos contra el Real Madrid, en infantiles, en Juveniles, en el Calderón, cuando allí jugaba el Atlético Madrileño o incluso en el Bernabeu. He visto partidos de veteranos e incluso partidos entre amigos. En todos y cada uno de esos partidos he visto a los que llevaban la camiseta del Atlético de Madrid jugarse algo más que tres puntos o algo más que una victoria. En todos. En todos, menos en el que jugó ayer ese equipo que deambula por la primera división desde hace unos cuantos años y que algunos se resisten a dejar de llamar Atlético de Madrid. Un día antes del clásico incluso se jugó el partido de fútbol siete entre exjugadores, también perdimos, pero la tensión de aquel equipo fue con mucho más parecida a la de un partido oficial que lo ofrecido ayer en el Bernabeu.
Es cierto que el Atlético de Madrid tiene un equipo mediocre, y no pretendo ser despectivo, está en un escalón medio-bajo, y así lo dice su clasificación, tiene un par de jugadores muy interesantes pero tiene una plantilla corta y mal estructurada, tiene un secretario técnico sin conocimientos y puesto allí con la misión de desempeñar algún cometido que se me esconde. Tiene un entrenador normal, que no ha conseguido esconder en el juego colectivo las carencias de muchos y que tampoco ha sabido sacar provecho a las virtudes de unos pocos. En fin, tiene lo que tiene. No pretendo de Quique Flores haga un milagro, y entonces, si digo después de jugar contra el Barcelona que la motivación y el compromiso colectivo que se vio en aquel partido no son mérito del entrenador por cuanto que la repercusión del choque y el escenario ya suponen un aliciente para el jugador, también digo que si esos mismos jugadores salen en el Bernabeu a jugar un partido de trámite no puede ser demérito del Mister. Y esta vez me dan igual los argumentos, me da igual que Jurado sea una apuesta personal de Quique Flores o del representante que ambos comparten. Me da igual si Forlán por su actitud hace tiempo que tendría que estar viendo los partidos desde el banquillo, me da igual tras oir la ovación que el Bernabeu tributó a Perea que sigua Quique en su empeño de sacarlo. Me da igual si Quique es un entrenador sin visión y sin poder de reacción, me da igual que su gestión física de la plantilla sea cuando menos cuestionable o que no encuentre soluciones tácticas a ningún problema, Ayer todo eso daba igual, ayer, lo más importante no estuvo en el campo, ayer el atlético de Madrid salió sin espíritu competitivo, sin dignidad, sin la más mínima esperanza de ganar aquel encuentro.
El Atlético de Madrid tiene un equipo muy justo donde incluso los que nunca debieron vestir esa camiseta se ven obligados por las circunstancias a vestirla en partidos como el de ayer. Pero también lo es que el Deportivo, el Villareal, el Mallorca, el Atletic de Bilbao o el Getafe no tienen mejor plantilla que el Atlético de Madrid. Y es verdad, seguramente que estos modestos presupuestos de primera parecen dar suficiente como para tener dos laterales derechos y dos laterales izquierdos, incluso suficiente para tener un delantero reserva y suficiente como para tener un central que no rife dos de cada tres balones que toca. Pero no me parece que Manu del Moral, Pedro León y Soldado sean una delantera para envidiar y tampoco creo que Mario Suarez, Borja Valero y Aduriz sean jugadores que en nuestro equipo fuesen a arreglar nada en absoluto. En fin, incluso diría, que muchos de los reservas del Atlético de Madrid podrían ser titulares indiscutibles en el Mallorca o en el Getafe.
Lo que quiero decir es que en efecto el Atlético de Madrid no tiene hoy una plantilla a la altura de su presupuesto y a la altura de la institución, pero tampoco es la plantilla como para ir décimos en una liga donde el quinto clasificado hace siete jornadas que no gana y donde el Sporting de Gijón con doce chavales compite por ganarnos la posición en la tabla. Lo que quiero decir es que no es sólo una cuestión de calidad, que también lo es y mucho, no es una cuestión de entrenadores, que también importan, pienso que finalmente el problema y el origen de esta situación está en el modelo de club, en el modelo de equipo y en el ambiente que allí se respira. El problema es que tras recordar antes del partido al Señor Cerezo la diferencia de puntos con el vecino este ni corto ni perezoso se partió de risa. EL problema es que este y su tenebroso cómplice siguen perdiendo el respeto al Atlético de Madrid y a su afición cada vez que abren la boca o dejan de abrila. El problema es que hoy Forlán puede gritarle a la afición lo que al señor le parezca sin que nadie le exija disculpas públicas, el problema es que aquellos que han de exigir esas disculpas se ríen e insultan a la afición constantemente o de forma más puntual llamándolos hijos de puta tras una protesta por el traslado a la peineta. El problema se llama Miguel Angel Gil Marín y Enrique Cerezo. Ya no se trata de perder o de ganar. Es una cuestión de sensaciones y de dignidad, de exigencia y de orgullo. En esto del Fútbol, y sobre todo en el Atlético de Madrid, la forma de perder importa.
Aunque alguno no lo crea, y aunque sea bonito recordar los éxitos del pasado, al menos para tener presente de donde venimos y sobre todo si atendemos al lamentable presente, este club, que ha tenido grandes jugadores, también ha tenido siempre jugadores muy normales, de cantera o llegados de fuera, ha tenido algunos que llegaron sin saber centrar el balón, algunos que se tiraban dos horas después de un entrenamiento pasando desde la línea de fondo, no piensen ustedes que el Atlético de Madrid siempre tuvo dos hombres por puesto o incluso uno, ni siquiera aquellos años en los que se ganaba con relativa frecuencia. Lo que hacía de este club un club capaz de competir con los más grandes no fue sólo la capacidad de fichar con acierto. Era también y a veces sobre todo la capacidad de enseñar y de inculcar cosas que no se traen de fuera. En fin, en un club que funciona, que se exige, que se respeta a si mismo y que es respetado por su afición, las cosas ruedan de otra manera.
Un saludo
lunes, 1 de marzo de 2010
Perspectivas de una victoria
No soy de los que piensa que hablar bien del Atlético de Madrid, de mi equipo, sea algo reservado para aquellos que sean cuales sean las circunstancias esperan de su equipo siempre lo mejor. Y decir que me gusta ver las cosas con perspectiva no significa necesariamente que esos otros que esperan siempre lo mejor de nuestro equipo carezcan de ella, al contrario tienen otra, otra perspectiva y otra opinión.
El Atlético de Madrid jugó ayer un buen partido. Y fue bueno por que estuvo lleno de intensidad y emoción, y eso, como mínimo, es algo que siempre ha caracterizado a este Club, que una vez más, con suficiente motivación, demuestra que en esta liga inventada para el divertimento de dos es capaz de ganar a cualquiera. Y no quiero decir con esto que el Valencia o este Valencia esté a la altura de ningún equipo que se precie de grande.
Hace no más de una año, Abel Resino, al que de un tiempo a esta parte se ha criticado en exceso por razones que desconozco, cogió las riendas de este grupo y consiguió meterlo en Champions, encadenó una de las mejores rachas que se recuerdan e incluso fue tras terminar esos últimos quince partidos de la temporada pasada el tercer mejor entrenador en la historia del club por coeficiente de partidos jugados y partidos ganados. No se le dieron más méritos de los que merecía ya que todos entendimos que llegado el momento, algunos jugadores, los que tienen capacidad para hacerlo, incrementaron su índice de motivación según fueron viendo que el curso tocaba a su fin, indice que decidieron bajar una vez empezada la actual temporada y que han decidido incrementar nuevamente en los últimos dos partidos jugados en casa y en el último que hemos jugado en tierras otomanas. Los jugadores del Atlético de Madrid, deciden cuando empieza su liga y su momento decisivo, y como los malos estudiantes, ese momento suele ser cuando no queda más remedio.
Me gustaría recordar que también durante los diez últimos partidos de la temporada pasada, una vez Abel decidió adelantar la defensa del equipo, estuvimos varios partidos sin encajar un gol y varios partidos haciendo un fútbol más o menos decente. El equipo parecía apretar en lo físico, parecía ir a buscar los partidos, presionaba más arriba, mejoró el rendimiento de Simao, mejoró el de Asunsao que se sentía más acompañado, mejoró el de Maxi y sobre todo mejoró el de Forlán, que tenía en la mesa una promesa de renovación con subida incluida y que oía por doquier los cantos de sirena que llegaban desde el Madrid, el Barcelona o el Manchester City. También la defensa parecía mejor por momentos y finalmente se consiguió eso que algunos jugadores entienden como su objetivo y que bajo mi punto de vista fue sólo alcanzar el suficiente tras varios meses rozando el muy deficiente. La única diferencia entre esta y la pasada temporada puede ser esa final de Copa, puede ser no quedar ni siquiera en cuarto puesto y es seguramente ver como el equipo está ahora dirigido por un fantástico vendedor de motos cuando el año pasado parecía estar dirigido por un señor condenado a conducir eternamente un autobús de la linea Madrid – Alcobendas.
Este es mi parecer, no le atribuyo a Quique Sanchez Florez ningún mérito o demérito en la actual situación que vive el Atlético de Madrid, su influencia bajo mi punto de vista es absolutamente nula, su presencia es testimonial, como la de sus dos predecesores y la de los que están por llegar y su supuesta capacidad para recuperar jugadores me parece literatura de ficción. Una de las últimas cosas que hizo Abel antes de ser destituido fue decir que a algunos jugadores de este equipo les falta carácter, y una de las primeras cosas que hizo Quique al llegar fue decir que algunos jugadores de este equipo necesitan replantearse su profesión. Yo diría que ambos equivocaron su diagnóstico y pienso que difícilmente se puede exigir en un club sin exigencias, difícilmente se puede reclamar ambición para aquellos que viven en un club sin ambición, y difícilmente pueden tener ambición o sentir exigencia aquellos que viven en un lugar donde desde hace años se desterró del vocabulario la palabra responsabilidad.
No hace demasiados años se publicó un estudio, de esos que puso tan de moda la sociología del conocimiento, y que a veces también sirven para algo, que decía con números en la mano que un alto porcentaje de doctores, docentes e investigadores en las ramas de medicina, ciencia y humanidades contaron entre sus familiares más directos o en su ámbito familiar más cercano con un doctor o un investigador en la misma rama de estudio. El contexto de su progresión como estudiantes estaba entonces condicionado por ese ambiente que representaba para sus carreras académicas un incremento en el grado de responsabilidad pero también un ejemplo de lo accesible y lo cercano. Así, desafortunadamente, las barreras que tiene el hijo de una familia trabajadora suelen ser una cuestión monetaria pero también de expectativa, de responsabilidad, de tradición y de exigencia. El Atlético de Madrid, ha perdido ese ámbito de exigencia, ha perdido el ejemplo de lo accesible, ha perdido la tradición fundada en el éxito y la responsabilidad que le imponía todo ese contexto. Lo más triste, es que todo eso que se ha perdido, se tardó mucho en conseguir y no tras superar todas y cada una de las barreras.
El Atlético de Madrid jugó ayer un buen partido. Y fue bueno por que estuvo lleno de intensidad y emoción, y eso, como mínimo, es algo que siempre ha caracterizado a este Club, que una vez más, con suficiente motivación, demuestra que en esta liga inventada para el divertimento de dos es capaz de ganar a cualquiera. Y no quiero decir con esto que el Valencia o este Valencia esté a la altura de ningún equipo que se precie de grande.
Hace no más de una año, Abel Resino, al que de un tiempo a esta parte se ha criticado en exceso por razones que desconozco, cogió las riendas de este grupo y consiguió meterlo en Champions, encadenó una de las mejores rachas que se recuerdan e incluso fue tras terminar esos últimos quince partidos de la temporada pasada el tercer mejor entrenador en la historia del club por coeficiente de partidos jugados y partidos ganados. No se le dieron más méritos de los que merecía ya que todos entendimos que llegado el momento, algunos jugadores, los que tienen capacidad para hacerlo, incrementaron su índice de motivación según fueron viendo que el curso tocaba a su fin, indice que decidieron bajar una vez empezada la actual temporada y que han decidido incrementar nuevamente en los últimos dos partidos jugados en casa y en el último que hemos jugado en tierras otomanas. Los jugadores del Atlético de Madrid, deciden cuando empieza su liga y su momento decisivo, y como los malos estudiantes, ese momento suele ser cuando no queda más remedio.
Me gustaría recordar que también durante los diez últimos partidos de la temporada pasada, una vez Abel decidió adelantar la defensa del equipo, estuvimos varios partidos sin encajar un gol y varios partidos haciendo un fútbol más o menos decente. El equipo parecía apretar en lo físico, parecía ir a buscar los partidos, presionaba más arriba, mejoró el rendimiento de Simao, mejoró el de Asunsao que se sentía más acompañado, mejoró el de Maxi y sobre todo mejoró el de Forlán, que tenía en la mesa una promesa de renovación con subida incluida y que oía por doquier los cantos de sirena que llegaban desde el Madrid, el Barcelona o el Manchester City. También la defensa parecía mejor por momentos y finalmente se consiguió eso que algunos jugadores entienden como su objetivo y que bajo mi punto de vista fue sólo alcanzar el suficiente tras varios meses rozando el muy deficiente. La única diferencia entre esta y la pasada temporada puede ser esa final de Copa, puede ser no quedar ni siquiera en cuarto puesto y es seguramente ver como el equipo está ahora dirigido por un fantástico vendedor de motos cuando el año pasado parecía estar dirigido por un señor condenado a conducir eternamente un autobús de la linea Madrid – Alcobendas.
Este es mi parecer, no le atribuyo a Quique Sanchez Florez ningún mérito o demérito en la actual situación que vive el Atlético de Madrid, su influencia bajo mi punto de vista es absolutamente nula, su presencia es testimonial, como la de sus dos predecesores y la de los que están por llegar y su supuesta capacidad para recuperar jugadores me parece literatura de ficción. Una de las últimas cosas que hizo Abel antes de ser destituido fue decir que a algunos jugadores de este equipo les falta carácter, y una de las primeras cosas que hizo Quique al llegar fue decir que algunos jugadores de este equipo necesitan replantearse su profesión. Yo diría que ambos equivocaron su diagnóstico y pienso que difícilmente se puede exigir en un club sin exigencias, difícilmente se puede reclamar ambición para aquellos que viven en un club sin ambición, y difícilmente pueden tener ambición o sentir exigencia aquellos que viven en un lugar donde desde hace años se desterró del vocabulario la palabra responsabilidad.
No hace demasiados años se publicó un estudio, de esos que puso tan de moda la sociología del conocimiento, y que a veces también sirven para algo, que decía con números en la mano que un alto porcentaje de doctores, docentes e investigadores en las ramas de medicina, ciencia y humanidades contaron entre sus familiares más directos o en su ámbito familiar más cercano con un doctor o un investigador en la misma rama de estudio. El contexto de su progresión como estudiantes estaba entonces condicionado por ese ambiente que representaba para sus carreras académicas un incremento en el grado de responsabilidad pero también un ejemplo de lo accesible y lo cercano. Así, desafortunadamente, las barreras que tiene el hijo de una familia trabajadora suelen ser una cuestión monetaria pero también de expectativa, de responsabilidad, de tradición y de exigencia. El Atlético de Madrid, ha perdido ese ámbito de exigencia, ha perdido el ejemplo de lo accesible, ha perdido la tradición fundada en el éxito y la responsabilidad que le imponía todo ese contexto. Lo más triste, es que todo eso que se ha perdido, se tardó mucho en conseguir y no tras superar todas y cada una de las barreras.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Las bicicletas son para el verano
El Atlético Madrid se ha plantado diez años después en una Final de la Copa del Rey y acaba de derrotar por segundo año consecutivo al Futbol Club Barcelona, al equipo que mejor juega al futbol en estos momentos y equipo que además obtiene los mejores resultados. También ilusiona, no tanto como debería, la Uefa Europe Ligue, una competición con un cartel estupendo donde puede uno encontrarse en los cruces con la Roma, la Juventus, el Liverpool, el Everton o el Valencia. Ninguno de ellos me parece tiene menos cartel que el Olimpique de Lyon o incluso que ese equipo que no hace mucho nos vapuleaba en el Calderón, digo el Oporto.
Parece entonces abrirse un nuevo horizonte que ofrece retos interesantes y sobre todo por que el juego del equipo ha parecido repuntar contra el Barcelona y por que si ha sido contra el mejor equipo del mundo se debe o se debería conceder el mérito que corresponde. Dicho esto quiero plantear mi punto de vista que para nada es optimista y mucho menos complaciente con lo anterior.
En primer lugar he de decir que si el Atlético de Madrid ha llegado a esta final de la copa del Rey ha sido sin duda por méritos propios pero no sin contar con la suerte de un calendario que le ha favorecido y que le ha provisto de unas eliminatorias que en mis años como aficionado no había visto. En fin, por el momento no hemos hecho mas que eliminar al Recreativo de Huelva, al Celta de Vigo y al Racing de Santander, que dicho así, seguido, más parece una de esas liguillas por la permanencia que se jugaban hace años.
Sobre el partido contra el futbol club barcelona, las alabanzas al entrenador, al equipo. Sobre las nuevas ilusiones que ha levantado ese partido y el juego desplegado por el atletico de Madrid. Las entiendo. Pero no las comparto. Nadie me va a descubrir que el Atletico de Madrid tiene algún jugador mediocre pero también muy buenos jugadores, y nadie me va a descubrir que con un alto grado de motivación esos jugadores son capaces de ganar a cualquiera. Aquí empieza y acaba mi análisis sobre el partido, no le concedo a Quique Flores más mérito por su planteamiento del que se le pudo conceder a Ferrando, a Manzano, a Aguirre o tantos otros entrenadores que tuvieron la oportunidad de entrenar al Atletico de Madrid y por tanto la oportunidad de ganar al Futbol club Barcelona en un Vicente Calderón lleno y volcado con su equipo.
En mi opinión, el mérito de un entrenador que maneja el Tercer Presupuesto de España no está en conseguir ganarle un partido al Barcelona, jugando normal, correoso, juntito, y poco más, está en no hacer el ridículo contra el Málaga, contra el Getafe, o contra cualquier otro equipo que tiene la fortuna de enfrentarse al nuestro. Entiendo que esa buena actitud vista contra el barcelona es una obligación y no una graciosa concesión que hacen los jugadores cuando creen que llega el momento. Sería deseable, que alguien en el club, hiciese entender a los jugadores que esa actitud ha de mantenerse como algo normal, que lo anormal es no tenerla, que lo anormal es hacer el ridículo, que les hiciese entender la diferencia entre dignidad y regularidad, por que al contrario de lo que reclaman no es regularidad lo que falta, este equipo ya es tremendamente regular haciendo el ridículo, lo que falta es dignidad profesional, es espíritu y es compromiso. Lo lamentable es que en este Club, para exigir eso, están dos tipos inculpados por Estafa que han convertido al Atletico de Madrid en su particular cortijo para el trapicheo de guante blanco y la compraventa de jugadores. Y parece que ahora también en plataforma para relanzar la carrera de Enrique Cerezo como monologista del absurdo. Le concedo el mérito de haber conseguido gracias a sus declaraciones algo hasta ahora imposible, convertir por comparación al Doctor Cabeza en un ser coherente.
Quique Flores me ha demostrado algunas cosas que me agradan pero ninguna de ellas tiene que ver estrictamente con el futbol. Por ello pienso, y espero equivocarme, que la Final de copa la podemos perder sin que eso sea una sorpresa para nadie, también se puede ganar por que es un partido y este equipo ha demostrado que en ciertos momentos puede dar la talla, pero eso parece depender de algún complejo misterio oculto al aficionado de a pie; que en la liga lo más a lo que podemos aspirar es a evitar el ridículo que viene ofreciendo el equipo y que en la Europe Ligue duraremos hasta que nos toque un equipo medianamente serio y ese equipo suele ser casi cualquiera menos nosotros. En fin. Si las cosas siguen como están, aún ganando la copa, mi calificación para Quique, para la dirección deportiva, para el equipo y para la dirección del club es un clamoroso insuficiente.Tiempo habrá para las alabanzas si las cosas cambian más allá de la sobre excitación que provoca jugar con el Calderón a rebosar y contra el Barcelona.
Creo que las floridas explicaciones de Quique, las excusas y esa cosa de convertir al equipo en un Don Quijote de la psicología de autoayuda se queda fuera de tiempo. Parece que este Quique lidiando con un grupo de traumatizados a los que allá que recuperar para la vida social. Los seguidores del Atlético de Madrid somos grandes consumidores de humo, pero oiga, las bicicletas son para el verano.
Parece entonces abrirse un nuevo horizonte que ofrece retos interesantes y sobre todo por que el juego del equipo ha parecido repuntar contra el Barcelona y por que si ha sido contra el mejor equipo del mundo se debe o se debería conceder el mérito que corresponde. Dicho esto quiero plantear mi punto de vista que para nada es optimista y mucho menos complaciente con lo anterior.
En primer lugar he de decir que si el Atlético de Madrid ha llegado a esta final de la copa del Rey ha sido sin duda por méritos propios pero no sin contar con la suerte de un calendario que le ha favorecido y que le ha provisto de unas eliminatorias que en mis años como aficionado no había visto. En fin, por el momento no hemos hecho mas que eliminar al Recreativo de Huelva, al Celta de Vigo y al Racing de Santander, que dicho así, seguido, más parece una de esas liguillas por la permanencia que se jugaban hace años.
Sobre el partido contra el futbol club barcelona, las alabanzas al entrenador, al equipo. Sobre las nuevas ilusiones que ha levantado ese partido y el juego desplegado por el atletico de Madrid. Las entiendo. Pero no las comparto. Nadie me va a descubrir que el Atletico de Madrid tiene algún jugador mediocre pero también muy buenos jugadores, y nadie me va a descubrir que con un alto grado de motivación esos jugadores son capaces de ganar a cualquiera. Aquí empieza y acaba mi análisis sobre el partido, no le concedo a Quique Flores más mérito por su planteamiento del que se le pudo conceder a Ferrando, a Manzano, a Aguirre o tantos otros entrenadores que tuvieron la oportunidad de entrenar al Atletico de Madrid y por tanto la oportunidad de ganar al Futbol club Barcelona en un Vicente Calderón lleno y volcado con su equipo.
En mi opinión, el mérito de un entrenador que maneja el Tercer Presupuesto de España no está en conseguir ganarle un partido al Barcelona, jugando normal, correoso, juntito, y poco más, está en no hacer el ridículo contra el Málaga, contra el Getafe, o contra cualquier otro equipo que tiene la fortuna de enfrentarse al nuestro. Entiendo que esa buena actitud vista contra el barcelona es una obligación y no una graciosa concesión que hacen los jugadores cuando creen que llega el momento. Sería deseable, que alguien en el club, hiciese entender a los jugadores que esa actitud ha de mantenerse como algo normal, que lo anormal es no tenerla, que lo anormal es hacer el ridículo, que les hiciese entender la diferencia entre dignidad y regularidad, por que al contrario de lo que reclaman no es regularidad lo que falta, este equipo ya es tremendamente regular haciendo el ridículo, lo que falta es dignidad profesional, es espíritu y es compromiso. Lo lamentable es que en este Club, para exigir eso, están dos tipos inculpados por Estafa que han convertido al Atletico de Madrid en su particular cortijo para el trapicheo de guante blanco y la compraventa de jugadores. Y parece que ahora también en plataforma para relanzar la carrera de Enrique Cerezo como monologista del absurdo. Le concedo el mérito de haber conseguido gracias a sus declaraciones algo hasta ahora imposible, convertir por comparación al Doctor Cabeza en un ser coherente.
Quique Flores me ha demostrado algunas cosas que me agradan pero ninguna de ellas tiene que ver estrictamente con el futbol. Por ello pienso, y espero equivocarme, que la Final de copa la podemos perder sin que eso sea una sorpresa para nadie, también se puede ganar por que es un partido y este equipo ha demostrado que en ciertos momentos puede dar la talla, pero eso parece depender de algún complejo misterio oculto al aficionado de a pie; que en la liga lo más a lo que podemos aspirar es a evitar el ridículo que viene ofreciendo el equipo y que en la Europe Ligue duraremos hasta que nos toque un equipo medianamente serio y ese equipo suele ser casi cualquiera menos nosotros. En fin. Si las cosas siguen como están, aún ganando la copa, mi calificación para Quique, para la dirección deportiva, para el equipo y para la dirección del club es un clamoroso insuficiente.Tiempo habrá para las alabanzas si las cosas cambian más allá de la sobre excitación que provoca jugar con el Calderón a rebosar y contra el Barcelona.
Creo que las floridas explicaciones de Quique, las excusas y esa cosa de convertir al equipo en un Don Quijote de la psicología de autoayuda se queda fuera de tiempo. Parece que este Quique lidiando con un grupo de traumatizados a los que allá que recuperar para la vida social. Los seguidores del Atlético de Madrid somos grandes consumidores de humo, pero oiga, las bicicletas son para el verano.
lunes, 1 de febrero de 2010
Acomodación en la Granja
Esto de las fábulas ha sido siempre un género literario muy aleccionador y bastante socorrido, personificando en animales conductas propias del ser humano se pueden decir muchas cosas que de otra forma sería bastante más complicado explicar y esto sólo por que de alguna manera, las gentes de bien han ido atribuyendo a ciertos animales un carácter o un cierta especie de personalidad propia y comparable a la de algunos hombres.
Las hay que hablan sobre avaricia, otras lo hacen sobre los instintos incontrolables del hombre, y las hay también más modernas, que tratan de reflejar el estado de una sociedad o el tipo de individuos que podemos encontrar en ella. Finalmente todas, tienen ese espíritu docente, simplista y educativo que tan bien ha funcionado siempre con los niños antes de ir a la cama. Tal ha sido la penetración de estas historias que hoy incluso nos atrevemos a calificar directamente a algunas personas con el nombre de un animal sabiendo todos por su contexto cultural lo que en realidad le estamos llamando. Por ejemplo. Si alguien dijese que Miguel Angel Gil y Enrique Cerezo se han comportado con el Atlético de Madrid como dos aves de carroña, aún sabiendo todos el enorme valor ecológico de estas nunca bien valoradas criaturas, muchos pensarían en dos pajarracos despeluchados que pelean con ferocidad por devorar los entresijos de un animal en estado de putrefacción. Incluso alguno, en su afán por concretar la comparación, apuntaría que estas imponentes aves han desarrollado la capacidad de digerir casi cualquier cosa gracias a un prodigioso aparato digestivo inmune a todo tipo de bacteria generada por la carne en descomposición.
Si alguien pretendiese hacer el mismo ejercicio con la prensa deportiva en este país, tal vez dijese que estos se comportan y se han comportado con nuestro club como una jauría de Hienas, y no muchos verían en esta comparación un animal tenaz, temido, capaz de adaptarse al medio como ningún otro, o como un animal singular, que organiza sus grupos en torno al matriarcado, serían mayoría seguramente los que viesen un grupo de animales encorvados y siniestros que ríen al son de la mayoría y actúan frecuentemente con nocturnidad y de forma traicionera.
Llegados a este punto, alguno se encontraría con la comparación más dolorosa, qué animal podríamos atribuir a la hastiada afición atlética, se me ocurre el Ñu, aunque sería aceptable cualquiera de los herbívoros que campan en manada por esas llanuras de Dios. Y alguno puede sentirse ofendido y he de decir que no hago la comparación con la intención de ofender a nadie, pero miré, ¿ha visto usted alguna vez un ñu indignado y contrariado por los sinsabores del destino? ¿Ha visto usted alguna vez como los ñus enfrentan su cruel y desgraciada vida con la fuerza del grupo o con la rebeldía? ¿Ha visto usted alguna vez a un Ñu leyendo a Trostky? No se me ocurre otro animal más nihilista y eso que los ñus no han vivido un pasado glorioso, esto es, no hablamos de una animal paciente que vivió momentos de gloria, el ñu ha sido siempre un animal con menos prensa que el foro europeo de tapiceros, o sea.
Todo esto sea dicho con el mayor de los respetos, por la parte que me toca como componente de esa afición y como frustrado tapicero; otro día nos ponemos más serios y hablamos de Jenkins, de John McCarthy de Mayer Zald de los incentivos selectivos, de la disponibilidad de recursos, de las acciones colectivas y de la historia de los movimientos sociales. Al final estos tipos vendrían a decir que o bien los Ñus un día se pillan un cabreo de tres pares de cojones y arrasan con la sabana en un acto irracional (cosa que no descarto tal como van las cosas), o que tal vez los ñus no tienen herramientas para organizar su protesta, no disponen de derechos para ejercerla, no encuentran un objetivo claro por el que hacerla y así, finalmente se resignan a una estructura carente de oportunidades y elementos para organizarse, quedando los pobres a la discreción de cocodrilos, leones, y demás fieras.
Nos quedan los jugadores, los deportistas, jóvenes, adinerados, algunos más agraciados que otros, pero sin duda en esta sociedad el dinero embellece, y tanto embellece que un chico que bien podría estar tuneando su Seat León en el polígono de Coslada hace ahora anuncios para Armani. Los futbolistas, o esos que salen al campo con la camiseta del Atlético de Madrid intentando sin éxito darle tres patadas a un balón, serían los Leones, protagonistas del juego, de la sabana y de los documentales de la BBC. En este caso, los del club Atlético de Madrid deben pertenecer a uno de esos clanes en decadencia, donde cazan un par de individuos con un bajo porcentaje de acierto pero cuyas erráticas acciones son aún afición de muchos y también de unos pocos que se sirven de sus contados aciertos para alimentar a su numerosa prole de hienas o a la siempre expectante pareja de Buitres.
En este cuento no hay final, no hay moraleja, o quizás alguno que se ponga más profundo pueda ver aquello del ciclo de la vida, ese destino inmutable y lógico que se mantiene de generación en generación, inalterable, los buitres son felices siendo buitres, las hienas sobreviven felizmente siendo hienas, los leones, aún en decadencia, siguen siendo leones, y los ñus no parecen pintar demasiado en la sabana, pero ciertamente todos deberían saber, que sin ñus, no hay leones, ni hienas ni buitres, ni sabana.
Las hay que hablan sobre avaricia, otras lo hacen sobre los instintos incontrolables del hombre, y las hay también más modernas, que tratan de reflejar el estado de una sociedad o el tipo de individuos que podemos encontrar en ella. Finalmente todas, tienen ese espíritu docente, simplista y educativo que tan bien ha funcionado siempre con los niños antes de ir a la cama. Tal ha sido la penetración de estas historias que hoy incluso nos atrevemos a calificar directamente a algunas personas con el nombre de un animal sabiendo todos por su contexto cultural lo que en realidad le estamos llamando. Por ejemplo. Si alguien dijese que Miguel Angel Gil y Enrique Cerezo se han comportado con el Atlético de Madrid como dos aves de carroña, aún sabiendo todos el enorme valor ecológico de estas nunca bien valoradas criaturas, muchos pensarían en dos pajarracos despeluchados que pelean con ferocidad por devorar los entresijos de un animal en estado de putrefacción. Incluso alguno, en su afán por concretar la comparación, apuntaría que estas imponentes aves han desarrollado la capacidad de digerir casi cualquier cosa gracias a un prodigioso aparato digestivo inmune a todo tipo de bacteria generada por la carne en descomposición.
Si alguien pretendiese hacer el mismo ejercicio con la prensa deportiva en este país, tal vez dijese que estos se comportan y se han comportado con nuestro club como una jauría de Hienas, y no muchos verían en esta comparación un animal tenaz, temido, capaz de adaptarse al medio como ningún otro, o como un animal singular, que organiza sus grupos en torno al matriarcado, serían mayoría seguramente los que viesen un grupo de animales encorvados y siniestros que ríen al son de la mayoría y actúan frecuentemente con nocturnidad y de forma traicionera.
Llegados a este punto, alguno se encontraría con la comparación más dolorosa, qué animal podríamos atribuir a la hastiada afición atlética, se me ocurre el Ñu, aunque sería aceptable cualquiera de los herbívoros que campan en manada por esas llanuras de Dios. Y alguno puede sentirse ofendido y he de decir que no hago la comparación con la intención de ofender a nadie, pero miré, ¿ha visto usted alguna vez un ñu indignado y contrariado por los sinsabores del destino? ¿Ha visto usted alguna vez como los ñus enfrentan su cruel y desgraciada vida con la fuerza del grupo o con la rebeldía? ¿Ha visto usted alguna vez a un Ñu leyendo a Trostky? No se me ocurre otro animal más nihilista y eso que los ñus no han vivido un pasado glorioso, esto es, no hablamos de una animal paciente que vivió momentos de gloria, el ñu ha sido siempre un animal con menos prensa que el foro europeo de tapiceros, o sea.
Todo esto sea dicho con el mayor de los respetos, por la parte que me toca como componente de esa afición y como frustrado tapicero; otro día nos ponemos más serios y hablamos de Jenkins, de John McCarthy de Mayer Zald de los incentivos selectivos, de la disponibilidad de recursos, de las acciones colectivas y de la historia de los movimientos sociales. Al final estos tipos vendrían a decir que o bien los Ñus un día se pillan un cabreo de tres pares de cojones y arrasan con la sabana en un acto irracional (cosa que no descarto tal como van las cosas), o que tal vez los ñus no tienen herramientas para organizar su protesta, no disponen de derechos para ejercerla, no encuentran un objetivo claro por el que hacerla y así, finalmente se resignan a una estructura carente de oportunidades y elementos para organizarse, quedando los pobres a la discreción de cocodrilos, leones, y demás fieras.
Nos quedan los jugadores, los deportistas, jóvenes, adinerados, algunos más agraciados que otros, pero sin duda en esta sociedad el dinero embellece, y tanto embellece que un chico que bien podría estar tuneando su Seat León en el polígono de Coslada hace ahora anuncios para Armani. Los futbolistas, o esos que salen al campo con la camiseta del Atlético de Madrid intentando sin éxito darle tres patadas a un balón, serían los Leones, protagonistas del juego, de la sabana y de los documentales de la BBC. En este caso, los del club Atlético de Madrid deben pertenecer a uno de esos clanes en decadencia, donde cazan un par de individuos con un bajo porcentaje de acierto pero cuyas erráticas acciones son aún afición de muchos y también de unos pocos que se sirven de sus contados aciertos para alimentar a su numerosa prole de hienas o a la siempre expectante pareja de Buitres.
En este cuento no hay final, no hay moraleja, o quizás alguno que se ponga más profundo pueda ver aquello del ciclo de la vida, ese destino inmutable y lógico que se mantiene de generación en generación, inalterable, los buitres son felices siendo buitres, las hienas sobreviven felizmente siendo hienas, los leones, aún en decadencia, siguen siendo leones, y los ñus no parecen pintar demasiado en la sabana, pero ciertamente todos deberían saber, que sin ñus, no hay leones, ni hienas ni buitres, ni sabana.
viernes, 29 de enero de 2010
Muñecos de Paja
Hace ya más de veinte años llegó al Atlético de Madrid un individuo de esos que no olvidan fácilmente aquellos que tienen la suerte o la desgracia de conocer. De la mano de Futre y con un ideario agresivo consiguió el apoyo de muchos y la animadversión de unos pocos. A esos pocos, que además dejaron el club, hemos de reconocerles hoy como auténticos visionarios.
Como lo que era, un paleto ignorante, Jesus Gil trató de amoldar el mundo a su constreñido entendimiento, y en la medida de sus posibilidades lo consiguió. No era de su gusto rodearse por personas con criterio y capacidad para contradecir sus opiniones. En consecuencia se deshizo por la tremenda de todo aquel que no le correspondía, o mejor, de todo aquel que no le bailaba el Agua. Uno de ellos, o el primero, fue Luis Aragonés, y cuentan algunos que el Sabio, quizás en su faceta menos templada pero también docente, a punto estuvo de soltarle dos hostias. Y así, desde el médico hasta el secretario técnico, desde la estructura de cantera hasta la sección de Balonmano, fue dejando aquello como un solar, como un espacio diáfano en el que poder amontonar un buen puñado de pelotas que se acomodasen a su extravagante conducta. Pero también encontró algo que quizás no esperaba, y era una cosa llamada vestuario. Un lugar del que no se podía prescindir pero en el que no le resultaba fácil entrar. Así parece que Menotti se lo hizo entender desde un primer momento y mientras las cosas fueron bien, se mantuvo alejado de lo que hasta entonces había sido un lugar reservado para los Deportistas.
Como no podía ser de otra manera y toda vez que las cosas no sucedieron de la forma ideal que él esperaba, se metió en ese vestuario y lo hizo usando el mismo protocolo que hubiese utilizado para entrar en cualquier otro sitio, ya fuese una junta de la Real Federación o un programa de Telecinco, esto es, dando coces . El vestuario del Atlético de Madrid no ha vuelto a ser lo mismo. Y es verdad que era difícil o muy difícil conseguir que lo fuera, que el capitán del equipo fuese el yerno del presidente o que varios jugadores tuviesen negocios con él. Se decía que el Atlético de Madrid era una familia y no sólo se decía sino que también lo parecía. Lo que ha sucedido desde estos últimos veinte años con ese vestuario sólo lo saben los que están dentro y muy pocos se atreven a contarlo. Kiko Narvaez, cuenta “maravillas” de Jesus Gil, de Cerezo y de Gil Marín, dice el de Jerez que no hubiese estado mal tener una cena con el de Soria, ya una vez retirado, para encontrar el buen fondo que se le supone a toda persona, como jugador, dice, no lo descubrió, más bien todo lo contrario. Desde el “muerto de hambre Donato” pasando por Setién, Arteche, Alemao, Landáburu, Tren Valencia, Solozabal, Peiró, Ufarte, Luis, Basile, Pastoriza, Ivic, Maguregui, y una larga lista de gente, Deportistas de los de antes unos y un poco menos de antes otros, con lo que ello implica, en estos últimos veinte años hemos sido testigos de una linea de actuación que deja bien a las claras quien campa por sus anchas dentro del Club Atlético de Madrid. SAD
Dice Kiko, que a el no le salía del alma quedarse dos años cobrando de balde cuando un socio se deja la vida para renovar el carnet. Y por eso renunció a la ficha, y se quedó sin equipo, esa es la verdad, ni tenía nada firmado con el Milán ni nada de lo que se dijo fue cierto. Se filtró tal información para desviar la atención con un muñeco de paja, como sucede casi siempre, y así, una pancarta bien visible para todo el mundo estuvo medio partido en el Frente Atlético deseándole la muerte al de Jerez cuando otras mucho más pequeñas no duran cinco minutos. Sobre el Frente Atlético, o un grupo de dudable condición ética que allí se encuentra, se puede hablar otro día, como del encargado de seguridad del Estadio. Sólo una gentuza de peor calaña que ellos puede hacerse valer de su puesto para utilizar a estos individuos que andan montando peleas por todos los campos y dando una imagen de la afición que no se corresponde, o de esos otros que cogen a un señor de cincuenta años por la pechera para retirarle una pancarta donde pone Gil culpable. Esa Gentuza, son Miguel Angel Gil y Enrique Cerezo.
Si los que estamos fuera, nos podemos dar cuenta de como proceden estos individuos, si vemos el desparpajo y la falta de vergüenza que tienen estos dos estafadores de baja estopa. Y digo de baja estopa por que tardaron diez años en darse cuenta de como hacer negocio personal con el Atlético de Madrid, los diez primeros sólo lo utilizaron como plataforma mediática. Qué no se dirá dentro de ese vestuario. Que nivel de implicación puede tener ese vestuario cuando sabe que está dirigido y condicionado por esta cierta clase Gentuza. Y así, aquel que no comulga con la canción, sabe donde va a acabar. Donde han acabado otros. Otros, que aún siendo históricos, no quieren saber nada del Atlético de Madrid. Y muchos de los que están, son esa clase de jugador que parece recién llegado tras cuatro años en el club y que ya desde que llega parece estar pensando en marcharse. Dice Cerezo que no vio ayer el partido. Qué puedes exigirle a ese perfil de jugador, calladito, “profesional”, futbolista de 9 a 5, si siendo presidente de un club, no sólo no acompañas al equipo en el partido, quizás más importante del año, sino que sales por la tele y los medios diciendo que no lo has visto, que te lo han contado. Qué le vas a pedir a Maxi cuando tira el brazalete y sale del campo en Oporto como el que viene de esperar fila en una cola del INEM, o qué le vas a pedir a Simao si ese mismo partido recibe un penalti de libro y se levanta con la cara de aquel que ha perdido el autobús en un día lluvioso, o qué le vas a pedir al perseguido, al uruguallo Forlán, lamentable personaje por cierto el tipo este. De vez en cuando te sale uno que le coge cariño a los colores, por su afición, quien sabe por que, pero lo normal, estando los que están, es que allí a nadie le importe nada más que cobrar lo suyo y hacer lo que se espera de ellos. Callar, correr lo mínimo exigible, y hacer lo que diga el entrenador, tragar con capitanes impuestos, y con lo que haga falta, y si un día, se meten en un entrenamiento los susodichos seguidores del Frente Atletico, con un pasamontañas y con unas maneras poco amistosas, te callas, y dices que hablar con la afición es positivo. Así nos va.
Yo soy de los que piensa que si, que Raul García es muy normalito, que falta un lateral, o dos, y que no vendrían mal dos buenos centrales, y un tío que la toque en el medio, pero aún así, creo que esto no es un problema de jugadores, no es un problema de secretario técnico. Pero quien le dice esto a una prensa conchabada y siempre en busca de un hombre de paja en el que poder descargar una frustración que se acumula desde que algunos eran niños.
En relación a esto hay grandes o pequeñas cosas que me ponen de mal humor y lo triste es que parecen sólo los síntomas de esto que vengo comentando, un problema que tiene que ver con el modelo de club que intentan desde hace años crear estos dos arquitectos de la inepcia, estos dos gerentes de Carrefour que han querido amoldar la grandeza que un día tuvo el Atlético de Madrid a sus miserables, mezquinas y minúsculas aspiraciones.
Quizás también, esto sería otro apartado, otro día se tendría que abordar el capítulo “inteligencia”, que no ha de pasarse por alto, cada vez tengo más claro que un jugador inteligente fuera del campo tiene más probabilidades de ser buen jugador en el terreno de juego por muy limitado que sea su físico o su condición técnica, es cierto que esto no sucede siempre aunque desde luego con mucha más frecuencia que el caso inverso, es decir, que un jugador digamos, tratando de dulcificar el término, poco iluminado por el don de la elocuencia, sea un buen jugador, por muy sobradas que sean sus condiciones para jugar al fútbol. Oyendo hablar a algún jugador del atlético de Madrid en estos últimos días me ha venido a la mente esta reflexión.
Veo ahora que para algunos, el Atlético de Madrid no es una religión, ni una pasión, ni una afición. Se ha convertido en una especie de enfermedad o síndrome psiquiátrico que merece la pena hacerse mirar. Es cierto que tal como decía una de las inefables frases que nos han intentado vender, el corazón tiene razones que la razón no entiende. Pero también lo es que la razón me dice que mande a tomar por el culo a las razones del corazón y a los dos mastuerzos que dirigen al Atlético de Madrid. Por que al Atlético de Madrid, jamás lo podré abandonar.
Como lo que era, un paleto ignorante, Jesus Gil trató de amoldar el mundo a su constreñido entendimiento, y en la medida de sus posibilidades lo consiguió. No era de su gusto rodearse por personas con criterio y capacidad para contradecir sus opiniones. En consecuencia se deshizo por la tremenda de todo aquel que no le correspondía, o mejor, de todo aquel que no le bailaba el Agua. Uno de ellos, o el primero, fue Luis Aragonés, y cuentan algunos que el Sabio, quizás en su faceta menos templada pero también docente, a punto estuvo de soltarle dos hostias. Y así, desde el médico hasta el secretario técnico, desde la estructura de cantera hasta la sección de Balonmano, fue dejando aquello como un solar, como un espacio diáfano en el que poder amontonar un buen puñado de pelotas que se acomodasen a su extravagante conducta. Pero también encontró algo que quizás no esperaba, y era una cosa llamada vestuario. Un lugar del que no se podía prescindir pero en el que no le resultaba fácil entrar. Así parece que Menotti se lo hizo entender desde un primer momento y mientras las cosas fueron bien, se mantuvo alejado de lo que hasta entonces había sido un lugar reservado para los Deportistas.
Como no podía ser de otra manera y toda vez que las cosas no sucedieron de la forma ideal que él esperaba, se metió en ese vestuario y lo hizo usando el mismo protocolo que hubiese utilizado para entrar en cualquier otro sitio, ya fuese una junta de la Real Federación o un programa de Telecinco, esto es, dando coces . El vestuario del Atlético de Madrid no ha vuelto a ser lo mismo. Y es verdad que era difícil o muy difícil conseguir que lo fuera, que el capitán del equipo fuese el yerno del presidente o que varios jugadores tuviesen negocios con él. Se decía que el Atlético de Madrid era una familia y no sólo se decía sino que también lo parecía. Lo que ha sucedido desde estos últimos veinte años con ese vestuario sólo lo saben los que están dentro y muy pocos se atreven a contarlo. Kiko Narvaez, cuenta “maravillas” de Jesus Gil, de Cerezo y de Gil Marín, dice el de Jerez que no hubiese estado mal tener una cena con el de Soria, ya una vez retirado, para encontrar el buen fondo que se le supone a toda persona, como jugador, dice, no lo descubrió, más bien todo lo contrario. Desde el “muerto de hambre Donato” pasando por Setién, Arteche, Alemao, Landáburu, Tren Valencia, Solozabal, Peiró, Ufarte, Luis, Basile, Pastoriza, Ivic, Maguregui, y una larga lista de gente, Deportistas de los de antes unos y un poco menos de antes otros, con lo que ello implica, en estos últimos veinte años hemos sido testigos de una linea de actuación que deja bien a las claras quien campa por sus anchas dentro del Club Atlético de Madrid. SAD
Dice Kiko, que a el no le salía del alma quedarse dos años cobrando de balde cuando un socio se deja la vida para renovar el carnet. Y por eso renunció a la ficha, y se quedó sin equipo, esa es la verdad, ni tenía nada firmado con el Milán ni nada de lo que se dijo fue cierto. Se filtró tal información para desviar la atención con un muñeco de paja, como sucede casi siempre, y así, una pancarta bien visible para todo el mundo estuvo medio partido en el Frente Atlético deseándole la muerte al de Jerez cuando otras mucho más pequeñas no duran cinco minutos. Sobre el Frente Atlético, o un grupo de dudable condición ética que allí se encuentra, se puede hablar otro día, como del encargado de seguridad del Estadio. Sólo una gentuza de peor calaña que ellos puede hacerse valer de su puesto para utilizar a estos individuos que andan montando peleas por todos los campos y dando una imagen de la afición que no se corresponde, o de esos otros que cogen a un señor de cincuenta años por la pechera para retirarle una pancarta donde pone Gil culpable. Esa Gentuza, son Miguel Angel Gil y Enrique Cerezo.
Si los que estamos fuera, nos podemos dar cuenta de como proceden estos individuos, si vemos el desparpajo y la falta de vergüenza que tienen estos dos estafadores de baja estopa. Y digo de baja estopa por que tardaron diez años en darse cuenta de como hacer negocio personal con el Atlético de Madrid, los diez primeros sólo lo utilizaron como plataforma mediática. Qué no se dirá dentro de ese vestuario. Que nivel de implicación puede tener ese vestuario cuando sabe que está dirigido y condicionado por esta cierta clase Gentuza. Y así, aquel que no comulga con la canción, sabe donde va a acabar. Donde han acabado otros. Otros, que aún siendo históricos, no quieren saber nada del Atlético de Madrid. Y muchos de los que están, son esa clase de jugador que parece recién llegado tras cuatro años en el club y que ya desde que llega parece estar pensando en marcharse. Dice Cerezo que no vio ayer el partido. Qué puedes exigirle a ese perfil de jugador, calladito, “profesional”, futbolista de 9 a 5, si siendo presidente de un club, no sólo no acompañas al equipo en el partido, quizás más importante del año, sino que sales por la tele y los medios diciendo que no lo has visto, que te lo han contado. Qué le vas a pedir a Maxi cuando tira el brazalete y sale del campo en Oporto como el que viene de esperar fila en una cola del INEM, o qué le vas a pedir a Simao si ese mismo partido recibe un penalti de libro y se levanta con la cara de aquel que ha perdido el autobús en un día lluvioso, o qué le vas a pedir al perseguido, al uruguallo Forlán, lamentable personaje por cierto el tipo este. De vez en cuando te sale uno que le coge cariño a los colores, por su afición, quien sabe por que, pero lo normal, estando los que están, es que allí a nadie le importe nada más que cobrar lo suyo y hacer lo que se espera de ellos. Callar, correr lo mínimo exigible, y hacer lo que diga el entrenador, tragar con capitanes impuestos, y con lo que haga falta, y si un día, se meten en un entrenamiento los susodichos seguidores del Frente Atletico, con un pasamontañas y con unas maneras poco amistosas, te callas, y dices que hablar con la afición es positivo. Así nos va.
Yo soy de los que piensa que si, que Raul García es muy normalito, que falta un lateral, o dos, y que no vendrían mal dos buenos centrales, y un tío que la toque en el medio, pero aún así, creo que esto no es un problema de jugadores, no es un problema de secretario técnico. Pero quien le dice esto a una prensa conchabada y siempre en busca de un hombre de paja en el que poder descargar una frustración que se acumula desde que algunos eran niños.
En relación a esto hay grandes o pequeñas cosas que me ponen de mal humor y lo triste es que parecen sólo los síntomas de esto que vengo comentando, un problema que tiene que ver con el modelo de club que intentan desde hace años crear estos dos arquitectos de la inepcia, estos dos gerentes de Carrefour que han querido amoldar la grandeza que un día tuvo el Atlético de Madrid a sus miserables, mezquinas y minúsculas aspiraciones.
Quizás también, esto sería otro apartado, otro día se tendría que abordar el capítulo “inteligencia”, que no ha de pasarse por alto, cada vez tengo más claro que un jugador inteligente fuera del campo tiene más probabilidades de ser buen jugador en el terreno de juego por muy limitado que sea su físico o su condición técnica, es cierto que esto no sucede siempre aunque desde luego con mucha más frecuencia que el caso inverso, es decir, que un jugador digamos, tratando de dulcificar el término, poco iluminado por el don de la elocuencia, sea un buen jugador, por muy sobradas que sean sus condiciones para jugar al fútbol. Oyendo hablar a algún jugador del atlético de Madrid en estos últimos días me ha venido a la mente esta reflexión.
Veo ahora que para algunos, el Atlético de Madrid no es una religión, ni una pasión, ni una afición. Se ha convertido en una especie de enfermedad o síndrome psiquiátrico que merece la pena hacerse mirar. Es cierto que tal como decía una de las inefables frases que nos han intentado vender, el corazón tiene razones que la razón no entiende. Pero también lo es que la razón me dice que mande a tomar por el culo a las razones del corazón y a los dos mastuerzos que dirigen al Atlético de Madrid. Por que al Atlético de Madrid, jamás lo podré abandonar.
lunes, 18 de enero de 2010
Tremendismo
Decían los aficionados al toreo, que cuando un matador de estreno, uno que tomaba la alternativa en una plaza de primera, se ponía de rodillas, era frecuentemente porque le temblaban las piernas. Y no era con objeto de despreciar el valor de aquel torero que lo decían, sino al contrario para destacar el orgullo de alguien que prefiere arriesgarse a una cogida antes que ser descubierto en la falta de templanza y por tanto, en la falta de condiciones para ejercer ese arte. Decían también que si ese torero no era ya tan joven, y que si tampoco le temblaban las piernas, lo que intentaba no era más que ocultar su falta de pericia tras una cortina de valentía, que no era tal y tras un velo de locura que tampoco lo era. Era más bien una suerte de teatro para el neófito, decían que era este un toreo con engaño, repleto de gestos y situaciones que aún entrañando peligro, carecía de la profundidad y de la tensión que provoca ver a un torero cuando se coloca donde casi nadie ya se coloca. Entre unos y otros, para llamar de alguna forma a esos toreros jóvenes y a esos otros no tan jóvenes, se acuñó en el argot el término tremendismo.
Tras la remontada ante el Recreativo de Huelva en Copa, y tras derrotar al Sporting, se ha podido leer con asiduidad que el Atlético de Madrid es un equipo capaz de lo mejor y de lo peor. Se ha recurrido como siempre al tópico de la épica, y cansinamente se ha hablado de entonar la heroica. A mi me gustaría encontrar esa épica, pero ciertamente no la encuentro cuando veo en Recreativo de Huelva a un equipo de Segunda que en un gesto de valor y honestidad, vino al Calderón con los mismos reservas que poco antes habían ganado en el Colombino. Yo diría, que lo épico ha sido lo de esos chavales, lo heroico ha sido ver como unos chicos sin aspiración alguna en esta copa del Rey, que no cobrarán entre todos lo que gana Forlan, han puesto en ridículo al Atlético de Madrid y han estado a punto de eliminarlo de la Copa del Rey. Lo heroico y lo épico siempre depende de quien escriba la Historia, no me imagino a los Persas hablando de heroicidad tras acabar con unos cuantos espartanos en el desfiladero de las Termópilas. Lo heroico y lo épico, por lo visto, ha sido echar de la copa a Barrales, a Javi Fuego y a Rafa Barber.
Tampoco entiendo cuando se habla del Atlético de Madrid como un equipo capaz de lo mejor y de lo peor. Bien es cierto que somos capaces de lo peor, si lo peor es estar en segunda con el tercer historial de este país futbolístico, si lo peor es llevar diez años sin rozar un título y no rozando el ridículo sino enfrentándolo por su perpendicular. Pero, ¿cuándo, en estos últimos diez años, hemos sido capaces de lo mejor? Quizás hemos sido lo mejor para los aficionados del Real Madrid, que llevan diez años sin conocer la derrota contra nuestro equipo, o quizás lo hemos sido para todos esos clubs que con menos presupuesto han conseguido más éxitos deportivos. Quizás seamos los mejores para los directivos del Liverpool, que han comprado a Fernando Torres por 30 y al año siguiente ya valía 60. O todavía mejor, tras entregar a Maxi Rodríguez como regalo. Si es a eso a lo que se refieren cuando dicen que somos capaces de lo mejor, entonces, estoy de acuerdo. Lo mejor para los demás, digo.
Decían los aficionados al toreo, que había toreros lidiadores, de los que conocen el oficio, de los que saben leer en los ojos de un toro, conocen las querencias y las suertes, saben donde colocarse y saben como salir airosos y con dignidad de cualquier apuro, si bien su mano izquierda no fue tocada por la gracia de los privilegiados su arte es respetado y su cartel es siempre bienvenido por el buen aficionado. Decían los aficionados, que había toreros de arte, de los que no lidian, toreros que no fueron tocados con el valor de los hombres pero si con la suerte de un don intangible para dejar un natural inolvidable y de cartel cuando se espera y cuando se cuentan los triunfos, es decir, en las grandes ferias. Dicen los aficionados que hay toreros valientes, no de los que reciben a puerta gayola, sino de los que se colocan donde la tensión se mastica, donde se encuentra el verdadero peligro, donde se ve y se conoce, por que si no se conoce, no hay valor. Hay locura. Y dicen los entendidos que hay un cuarto tipo, ese tipo de torero que marca época, que reúne algo de lo que tienen los otros tres, oficio, arte y valor.
Creo que el Atletico de Madrid se ha convertido en otro tipo de torero distinto a estos cuatro, se ha convertido en un equipo tremendista, un equipo que hace mucho ruido, ya sea por sus estrepitosas debacles o por las contadas e insignificantes alegrías que le da a sus aficionados. Es el atleti ahora un equipo que no sabe leer los partidos, que no deja naturales de cartel en las grandes ferias, y que no demuestra demasiado valor cuando este ha de medirse.
Dejando de lado lo que es o deja de ser este equipo, con un poco de criterio a la hora de descartar y fichar jugadores, podría hacerse una muy buena plantilla, por que hay recursos, hay potencial y hay afición, otra cosa es que el ambiente y el espíritu que se respiran en este club nos permitan aspirar a algo más que a ser lo que para mi somos ahora mismo. Un equipo Ruidoso.
Tras la remontada ante el Recreativo de Huelva en Copa, y tras derrotar al Sporting, se ha podido leer con asiduidad que el Atlético de Madrid es un equipo capaz de lo mejor y de lo peor. Se ha recurrido como siempre al tópico de la épica, y cansinamente se ha hablado de entonar la heroica. A mi me gustaría encontrar esa épica, pero ciertamente no la encuentro cuando veo en Recreativo de Huelva a un equipo de Segunda que en un gesto de valor y honestidad, vino al Calderón con los mismos reservas que poco antes habían ganado en el Colombino. Yo diría, que lo épico ha sido lo de esos chavales, lo heroico ha sido ver como unos chicos sin aspiración alguna en esta copa del Rey, que no cobrarán entre todos lo que gana Forlan, han puesto en ridículo al Atlético de Madrid y han estado a punto de eliminarlo de la Copa del Rey. Lo heroico y lo épico siempre depende de quien escriba la Historia, no me imagino a los Persas hablando de heroicidad tras acabar con unos cuantos espartanos en el desfiladero de las Termópilas. Lo heroico y lo épico, por lo visto, ha sido echar de la copa a Barrales, a Javi Fuego y a Rafa Barber.
Tampoco entiendo cuando se habla del Atlético de Madrid como un equipo capaz de lo mejor y de lo peor. Bien es cierto que somos capaces de lo peor, si lo peor es estar en segunda con el tercer historial de este país futbolístico, si lo peor es llevar diez años sin rozar un título y no rozando el ridículo sino enfrentándolo por su perpendicular. Pero, ¿cuándo, en estos últimos diez años, hemos sido capaces de lo mejor? Quizás hemos sido lo mejor para los aficionados del Real Madrid, que llevan diez años sin conocer la derrota contra nuestro equipo, o quizás lo hemos sido para todos esos clubs que con menos presupuesto han conseguido más éxitos deportivos. Quizás seamos los mejores para los directivos del Liverpool, que han comprado a Fernando Torres por 30 y al año siguiente ya valía 60. O todavía mejor, tras entregar a Maxi Rodríguez como regalo. Si es a eso a lo que se refieren cuando dicen que somos capaces de lo mejor, entonces, estoy de acuerdo. Lo mejor para los demás, digo.
Decían los aficionados al toreo, que había toreros lidiadores, de los que conocen el oficio, de los que saben leer en los ojos de un toro, conocen las querencias y las suertes, saben donde colocarse y saben como salir airosos y con dignidad de cualquier apuro, si bien su mano izquierda no fue tocada por la gracia de los privilegiados su arte es respetado y su cartel es siempre bienvenido por el buen aficionado. Decían los aficionados, que había toreros de arte, de los que no lidian, toreros que no fueron tocados con el valor de los hombres pero si con la suerte de un don intangible para dejar un natural inolvidable y de cartel cuando se espera y cuando se cuentan los triunfos, es decir, en las grandes ferias. Dicen los aficionados que hay toreros valientes, no de los que reciben a puerta gayola, sino de los que se colocan donde la tensión se mastica, donde se encuentra el verdadero peligro, donde se ve y se conoce, por que si no se conoce, no hay valor. Hay locura. Y dicen los entendidos que hay un cuarto tipo, ese tipo de torero que marca época, que reúne algo de lo que tienen los otros tres, oficio, arte y valor.
Creo que el Atletico de Madrid se ha convertido en otro tipo de torero distinto a estos cuatro, se ha convertido en un equipo tremendista, un equipo que hace mucho ruido, ya sea por sus estrepitosas debacles o por las contadas e insignificantes alegrías que le da a sus aficionados. Es el atleti ahora un equipo que no sabe leer los partidos, que no deja naturales de cartel en las grandes ferias, y que no demuestra demasiado valor cuando este ha de medirse.
Dejando de lado lo que es o deja de ser este equipo, con un poco de criterio a la hora de descartar y fichar jugadores, podría hacerse una muy buena plantilla, por que hay recursos, hay potencial y hay afición, otra cosa es que el ambiente y el espíritu que se respiran en este club nos permitan aspirar a algo más que a ser lo que para mi somos ahora mismo. Un equipo Ruidoso.
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