lunes, 1 de marzo de 2010

Perspectivas de una victoria

No soy de los que piensa que hablar bien del Atlético de Madrid, de mi equipo, sea algo reservado para aquellos que sean cuales sean las circunstancias esperan de su equipo siempre lo mejor. Y decir que me gusta ver las cosas con perspectiva no significa necesariamente que esos otros que esperan siempre lo mejor de nuestro equipo carezcan de ella, al contrario tienen otra, otra perspectiva y otra opinión.

El Atlético de Madrid jugó ayer un buen partido. Y fue bueno por que estuvo lleno de intensidad y emoción, y eso, como mínimo, es algo que siempre ha caracterizado a este Club, que una vez más, con suficiente motivación, demuestra que en esta liga inventada para el divertimento de dos es capaz de ganar a cualquiera. Y no quiero decir con esto que el Valencia o este Valencia esté a la altura de ningún equipo que se precie de grande.

Hace no más de una año, Abel Resino, al que de un tiempo a esta parte se ha criticado en exceso por razones que desconozco, cogió las riendas de este grupo y consiguió meterlo en Champions, encadenó una de las mejores rachas que se recuerdan e incluso fue tras terminar esos últimos quince partidos de la temporada pasada el tercer mejor entrenador en la historia del club por coeficiente de partidos jugados y partidos ganados. No se le dieron más méritos de los que merecía ya que todos entendimos que llegado el momento, algunos jugadores, los que tienen capacidad para hacerlo, incrementaron su índice de motivación según fueron viendo que el curso tocaba a su fin, indice que decidieron bajar una vez empezada la actual temporada y que han decidido incrementar nuevamente en los últimos dos partidos jugados en casa y en el último que hemos jugado en tierras otomanas. Los jugadores del Atlético de Madrid, deciden cuando empieza su liga y su momento decisivo, y como los malos estudiantes, ese momento suele ser cuando no queda más remedio.

Me gustaría recordar que también durante los diez últimos partidos de la temporada pasada, una vez Abel decidió adelantar la defensa del equipo, estuvimos varios partidos sin encajar un gol y varios partidos haciendo un fútbol más o menos decente. El equipo parecía apretar en lo físico, parecía ir a buscar los partidos, presionaba más arriba, mejoró el rendimiento de Simao, mejoró el de Asunsao que se sentía más acompañado, mejoró el de Maxi y sobre todo mejoró el de Forlán, que tenía en la mesa una promesa de renovación con subida incluida y que oía por doquier los cantos de sirena que llegaban desde el Madrid, el Barcelona o el Manchester City. También la defensa parecía mejor por momentos y finalmente se consiguió eso que algunos jugadores entienden como su objetivo y que bajo mi punto de vista fue sólo alcanzar el suficiente tras varios meses rozando el muy deficiente. La única diferencia entre esta y la pasada temporada puede ser esa final de Copa, puede ser no quedar ni siquiera en cuarto puesto y es seguramente ver como el equipo está ahora dirigido por un fantástico vendedor de motos cuando el año pasado parecía estar dirigido por un señor condenado a conducir eternamente un autobús de la linea Madrid – Alcobendas.

Este es mi parecer, no le atribuyo a Quique Sanchez Florez ningún mérito o demérito en la actual situación que vive el Atlético de Madrid, su influencia bajo mi punto de vista es absolutamente nula, su presencia es testimonial, como la de sus dos predecesores y la de los que están por llegar y su supuesta capacidad para recuperar jugadores me parece literatura de ficción. Una de las últimas cosas que hizo Abel antes de ser destituido fue decir que a algunos jugadores de este equipo les falta carácter, y una de las primeras cosas que hizo Quique al llegar fue decir que algunos jugadores de este equipo necesitan replantearse su profesión. Yo diría que ambos equivocaron su diagnóstico y pienso que difícilmente se puede exigir en un club sin exigencias, difícilmente se puede reclamar ambición para aquellos que viven en un club sin ambición, y difícilmente pueden tener ambición o sentir exigencia aquellos que viven en un lugar donde desde hace años se desterró del vocabulario la palabra responsabilidad.

No hace demasiados años se publicó un estudio, de esos que puso tan de moda la sociología del conocimiento, y que a veces también sirven para algo, que decía con números en la mano que un alto porcentaje de doctores, docentes e investigadores en las ramas de medicina, ciencia y humanidades contaron entre sus familiares más directos o en su ámbito familiar más cercano con un doctor o un investigador en la misma rama de estudio. El contexto de su progresión como estudiantes estaba entonces condicionado por ese ambiente que representaba para sus carreras académicas un incremento en el grado de responsabilidad pero también un ejemplo de lo accesible y lo cercano. Así, desafortunadamente, las barreras que tiene el hijo de una familia trabajadora suelen ser una cuestión monetaria pero también de expectativa, de responsabilidad, de tradición y de exigencia. El Atlético de Madrid, ha perdido ese ámbito de exigencia, ha perdido el ejemplo de lo accesible, ha perdido la tradición fundada en el éxito y la responsabilidad que le imponía todo ese contexto. Lo más triste, es que todo eso que se ha perdido, se tardó mucho en conseguir y no tras superar todas y cada una de las barreras.

1 comentario:

  1. "...y pienso que difícilmente se puede exigir en un club sin exigencias, difícilmente se puede reclamar ambición para aquellos que viven en un club sin ambición..." Tristemente cierto, enhorabuena por escribir estos pensamientos.

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