lunes, 18 de enero de 2010

Tremendismo

Decían los aficionados al toreo, que cuando un matador de estreno, uno que tomaba la alternativa en una plaza de primera, se ponía de rodillas, era frecuentemente porque le temblaban las piernas. Y no era con objeto de despreciar el valor de aquel torero que lo decían, sino al contrario para destacar el orgullo de alguien que prefiere arriesgarse a una cogida antes que ser descubierto en la falta de templanza y por tanto, en la falta de condiciones para ejercer ese arte. Decían también que si ese torero no era ya tan joven, y que si tampoco le temblaban las piernas, lo que intentaba no era más que ocultar su falta de pericia tras una cortina de valentía, que no era tal y tras un velo de locura que tampoco lo era. Era más bien una suerte de teatro para el neófito, decían que era este un toreo con engaño, repleto de gestos y situaciones que aún entrañando peligro, carecía de la profundidad y de la tensión que provoca ver a un torero cuando se coloca donde casi nadie ya se coloca. Entre unos y otros, para llamar de alguna forma a esos toreros jóvenes y a esos otros no tan jóvenes, se acuñó en el argot el término tremendismo.

Tras la remontada ante el Recreativo de Huelva en Copa, y tras derrotar al Sporting, se ha podido leer con asiduidad que el Atlético de Madrid es un equipo capaz de lo mejor y de lo peor. Se ha recurrido como siempre al tópico de la épica, y cansinamente se ha hablado de entonar la heroica. A mi me gustaría encontrar esa épica, pero ciertamente no la encuentro cuando veo en Recreativo de Huelva a un equipo de Segunda que en un gesto de valor y honestidad, vino al Calderón con los mismos reservas que poco antes habían ganado en el Colombino. Yo diría, que lo épico ha sido lo de esos chavales, lo heroico ha sido ver como unos chicos sin aspiración alguna en esta copa del Rey, que no cobrarán entre todos lo que gana Forlan, han puesto en ridículo al Atlético de Madrid y han estado a punto de eliminarlo de la Copa del Rey. Lo heroico y lo épico siempre depende de quien escriba la Historia, no me imagino a los Persas hablando de heroicidad tras acabar con unos cuantos espartanos en el desfiladero de las Termópilas. Lo heroico y lo épico, por lo visto, ha sido echar de la copa a Barrales, a Javi Fuego y a Rafa Barber.

Tampoco entiendo cuando se habla del Atlético de Madrid como un equipo capaz de lo mejor y de lo peor. Bien es cierto que somos capaces de lo peor, si lo peor es estar en segunda con el tercer historial de este país futbolístico, si lo peor es llevar diez años sin rozar un título y no rozando el ridículo sino enfrentándolo por su perpendicular. Pero, ¿cuándo, en estos últimos diez años, hemos sido capaces de lo mejor? Quizás hemos sido lo mejor para los aficionados del Real Madrid, que llevan diez años sin conocer la derrota contra nuestro equipo, o quizás lo hemos sido para todos esos clubs que con menos presupuesto han conseguido más éxitos deportivos. Quizás seamos los mejores para los directivos del Liverpool, que han comprado a Fernando Torres por 30 y al año siguiente ya valía 60. O todavía mejor, tras entregar a Maxi Rodríguez como regalo. Si es a eso a lo que se refieren cuando dicen que somos capaces de lo mejor, entonces, estoy de acuerdo. Lo mejor para los demás, digo.

Decían los aficionados al toreo, que había toreros lidiadores, de los que conocen el oficio, de los que saben leer en los ojos de un toro, conocen las querencias y las suertes, saben donde colocarse y saben como salir airosos y con dignidad de cualquier apuro, si bien su mano izquierda no fue tocada por la gracia de los privilegiados su arte es respetado y su cartel es siempre bienvenido por el buen aficionado. Decían los aficionados, que había toreros de arte, de los que no lidian, toreros que no fueron tocados con el valor de los hombres pero si con la suerte de un don intangible para dejar un natural inolvidable y de cartel cuando se espera y cuando se cuentan los triunfos, es decir, en las grandes ferias. Dicen los aficionados que hay toreros valientes, no de los que reciben a puerta gayola, sino de los que se colocan donde la tensión se mastica, donde se encuentra el verdadero peligro, donde se ve y se conoce, por que si no se conoce, no hay valor. Hay locura. Y dicen los entendidos que hay un cuarto tipo, ese tipo de torero que marca época, que reúne algo de lo que tienen los otros tres, oficio, arte y valor.

Creo que el Atletico de Madrid se ha convertido en otro tipo de torero distinto a estos cuatro, se ha convertido en un equipo tremendista, un equipo que hace mucho ruido, ya sea por sus estrepitosas debacles o por las contadas e insignificantes alegrías que le da a sus aficionados. Es el atleti ahora un equipo que no sabe leer los partidos, que no deja naturales de cartel en las grandes ferias, y que no demuestra demasiado valor cuando este ha de medirse.

Dejando de lado lo que es o deja de ser este equipo, con un poco de criterio a la hora de descartar y fichar jugadores, podría hacerse una muy buena plantilla, por que hay recursos, hay potencial y hay afición, otra cosa es que el ambiente y el espíritu que se respiran en este club nos permitan aspirar a algo más que a ser lo que para mi somos ahora mismo. Un equipo Ruidoso.

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