viernes, 8 de enero de 2010

Historia de un capitán chiflado

No hace demasiado volvía el Atlético de Madrid con tres goles en la maleta tras su visita a la Rosaleda. Indolencia y desgana eran los sentimientos que transmitía aquel equipo dirigido por Abel Resino. Tras la derrota en Huelva, desidia y desinterés se suman a una lista de adjetivos que ya empiezan a faltar.

Describir la situación que vive el Atlético de Madrid se hace cada vez más difícil, encontrar palabras para darle sentido o explicación a todo esto sería equiparable a formular de forma lógica la tautología del fracaso. Y decir que el Atlético de Madrid se ha convertido en el bombero torero del Fútbol español parece un eufemismo que esconde la cruel realidad de este club, donde casi nadie ya merece el mínimo respeto que tienen bien ganado esos saltimbanquis que aparecen por la plaza de forma inopinada dando y recibiendo golpes con un disfraz de torero.

Hoy me parece lógico cargar contra los jugadores, sobre aquellos que desde hace tiempo aparentan vivir en una metáfora y espero que Quique, en su nueva versión de Bombero pirómano tenga fortuna y valor en sus elecciones. Si se trata de apartar algún jugador del primer equipo tendrá muy difícil equivocarse.

Sobre la directiva poco se puede decir que no se haya dicho ya. Cuando menos resulta sospechosa su permanencia, no ya como máximos accionistas, sino sobre todo como gestores, tanto más cuanto que su gestión resulta ineficaz y desastrosa a los ojos de todo vidente, y como desastrosa e ineficaz que es, ha de ser también perjudicial para el valor de esas acciones, que si es cierto que tienen algún valor, no debe de ser muy alto en estos momentos. Sólo dos explicaciones acertarían a encajar en esta opereta. O bien estos señores sacan un beneficio neto a través de conceptos que nos son desconocidos y que nadie parece interesado en darnos a conocer, o bien estos señores padecen de algún tipo de patología psiquiátrica por descubrir a la que bien podríamos llamar "capitanismo" y que podríamos definir como aquella que padecen ciertos individuos que desde su más tierna infancia han anhelado comprar un barco para ser al tiempo armador y capitán, y que una vez conseguido el barco, navegan torpe y ridículamente muy a pesar de los pasajeros que aún permanecen en él, ya sea insultando al maestre o al grumete menos dotado.

Tras unos cuantos maestres, y tras ver pasar por el barco a marineros de todo orden y condición, podríamos pensar que son ya una mayor parte de los pasajeros los que coinciden en señalar al Capitán como máximo responsable de la navegación del barco. Pues esto no pasa en el Atlético de Madrid, no pocos aficionados de los que van todos los partidos con su bufanda y su camiseta reclaman nuevos grumetes y marineros aún sabiendo que el capitán los contrata sin poseer los mínimos conocimientos marítimos o por motivos completamente ajenos a los intereses del barco y todavía algunos, incluso, al atracar en un puerto, sienten cierto orgullo cuando son reconocidos como el mayor ridículo de todos los mares.

Por fortuna, cada vez más atléticos encuentran al capitán como responsable después de tantas rutas absurdas y tanta tormenta sin sentido. Cada vez son más y al final se harán oír, yo sólo espero que esto suceda antes de convertir al Atlético de Madrid en un bonito pecio que algunos nostálgicos en el futuro traten de reflotar.

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